Imagina que vives en un país donde ahorrar en la moneda local es ver cómo el hielo se derrite encima de la mesa. Quieres dólares, pero abrir una cuenta estadounidense no es precisamente pulsar un botón. En cambio, puedes abrir una wallet, comprar USDT o USDC y, unos minutos después, tener algo que cotiza alrededor de un dólar y puede viajar por internet a cualquier hora.

Desde tu pantalla parece que acabas de comprar un dólar digital. Pero no hay un billete dentro del teléfono. Hay un token emitido por una empresa privada y una promesa: mientras el sistema funcione, ese token podrá mantener un valor cercano a un dólar y, para determinados clientes con acceso al emisor, convertirse de nuevo en dinero tradicional a la par.

Ahora sigue el dinero en dirección contraria. Entregas dólares. El emisor crea stablecoins. ¿Qué hace con los dólares que recibió? En buena parte del mercado, no los deja durmiendo en una caja. Los coloca en activos líquidos y relativamente seguros: depósitos, letras del Tesoro, repos respaldados por Treasuries y fondos monetarios que poseen esas mismas cosas. El usuario se queda con un dólar que circula por una blockchain. El emisor se queda con una cartera que puede generar intereses.

Y aquí el tema deja de ser una historia sobre crypto. Se convierte en una historia sobre quién emite dinero privado, quién cobra el interés, quién financia la deuda de Estados Unidos y por qué Washington ha decidido que estos dólares de internet pueden ser estratégicamente útiles.

UNA STABLECOIN NO ES “UN DÓLAR EN BLOCKCHAIN”

Conviene empezar rompiendo la metáfora antes de enamorarnos de ella. Una stablecoin es un activo digital diseñado para mantener un valor estable respecto a otra referencia. En este artículo hablamos sobre todo de las stablecoins de pago respaldadas por reservas y denominadas en dólares, como USDT y USDC. No son lo mismo que una stablecoin algorítmica, ni que un token sobrecolateralizado con otros criptoactivos, ni que un depósito bancario tokenizado.

Cuando tienes 100 USDC no tienes una cuenta en la Reserva Federal con tu nombre. Cuando tienes 100 USDT tampoco posees directamente las letras del Tesoro que pueda mantener Tether. Tienes un pasivo emitido dentro de un sistema privado cuyo valor depende de la calidad y liquidez de sus reservas, de la posibilidad de redención, de la infraestructura tecnológica y de la confianza en que toda la cadena seguirá funcionando.

La intuición se parece bastante a algo que ya conocemos. Cuando tu banco dice que tienes 1.000 dólares, la mayor parte del tiempo tampoco hay 1.000 billetes esperando en una caja con tu nombre: tienes una reclamación contra el banco. La diferencia está en la arquitectura. Un banco normalmente utiliza depósitos para financiar préstamos y otros activos; un emisor de payment stablecoins bajo el marco estadounidense está diseñado para mantener reservas al menos uno a uno en un conjunto mucho más estrecho de activos líquidos.

EL VIAJE DE UN DÓLAR HACIA UNA STABLECOIN

USUARIO ENTREGA $1EMISOR CREA 1 TOKENRESERVA COMPRA ACTIVOS LÍQUIDOSEL TOKEN CIRCULA 24/7LA RESERVA GENERA INTERÉS

¿QUÉ HAY REALMENTE DETRÁS?

Depende del emisor. Y esa frase importa muchísimo porque “stablecoin” describe una función, no una única estructura de balance.

Circle ofrece un ejemplo bastante limpio. Al 30 de junio de 2026 tenía unos 73.300 millones de dólares en reservas respaldando USDC en circulación. Aproximadamente el 84% estaba en el Circle Reserve Fund, un fondo monetario gubernamental gestionado por BlackRock que mantiene Treasuries con vencimientos muy cortos, repos overnight garantizados por Treasuries y efectivo; el resto estaba principalmente en efectivo distribuido entre bancos. El propio 10-Q de Circle muestra algo aún más interesante: durante el segundo trimestre de 2026 obtuvo unos 668 millones de dólares de reserve income. Más del 95% de sus ingresos del trimestre procedieron de esa fuente.

El mecanismo económico es precioso por lo sencillo. Si el público quiere mantener miles de millones en USDC sin recibir directamente el rendimiento de la reserva, Circle puede invertir esos activos de respaldo y cobrar el interés. Luego parte de esos ingresos se comparte con distribuidores y socios —Coinbase es especialmente importante— y el resto alimenta el negocio.

No hace falta inventar un “secreto crypto”. Es una versión moderna de una idea antiquísima: emitir un pasivo que la gente quiere mantener y obtener rendimiento sobre los activos que lo respaldan.

Y ENTONCES APARECE TETHER

Tether demuestra por qué no debemos hablar de todas las stablecoins como si fueran clones. USDT es la stablecoin dominante por tamaño y, a junio de 2026, Tether International reportaba alrededor de 184.600 millones de dólares emitidos. Su balance de reservas era mucho más amplio que el de USDC.

Según su informe de reservas del segundo trimestre, la mayor posición individual eran unos 115.000 millones de dólares en Treasury bills estadounidenses. A eso se sumaban decenas de miles de millones en repos, pero también oro físico, préstamos garantizados, bitcoin, acciones cotizadas y otras inversiones. La compañía reportó alrededor de 187.800 millones de dólares de activos frente a 183.600 millones de pasivos y un colchón de reservas excedentarias de unos 4.100 millones. En ese trimestre comunicó aproximadamente 1.500 millones de dólares de beneficio operativo neto.

La historia de transparencia de Tether ha sido muy distinta de la de una empresa cotizada estadounidense como Circle. Durante años publicó attestations periódicas sobre reservas en vez de estados financieros auditados completos. En agosto de 2026 anunció que KPMG U.S. había terminado la primera auditoría completa de los estados financieros de Tether International correspondientes a 2025 con una opinión sin salvedades. Eso no vuelve idénticos ambos modelos ni elimina preguntas sobre composición, regulación o acceso a redenciones; sí significa que cualquier explicación actual que trate a Tether como si siguiera exactamente en el punto de transparencia de hace cinco años está desactualizada.

Lo interesante no es decidir aquí quién es “el bueno”. Es ver que dos tokens que el usuario trata como un dólar pueden descansar sobre balances, jurisdicciones, reglas y modelos de negocio diferentes.

EL NEGOCIO DE SER EL DÓLAR SIN PAGAR EL INTERÉS DEL DÓLAR

Supón que una empresa consigue que el mundo mantenga 100.000 millones de sus tokens. Para sostener la paridad conserva aproximadamente 100.000 millones en reservas. Si gran parte de esas reservas produce, pongamos, un 4% anual y el token no paga directamente ese 4% a quien lo mantiene, existe una fuente potencial de ingresos de miles de millones antes de costes, distribución, coberturas, pérdidas y demás gastos.

Este modelo se vuelve especialmente poderoso cuando los tipos están altos. El usuario demanda la stablecoin por algo distinto del rendimiento: liquidez, acceso a dólares, trading, pagos, transferencias o simplemente porque vive en un lugar donde conseguir una cuenta en dólares es difícil. El emisor monetiza la demanda manteniendo activos que sí pagan intereses.

La GENIUS Act estadounidense incluso convierte esta distinción en una característica regulatoria. La ley exige reservas al menos uno a uno en determinados activos permitidos y prohíbe al emisor de una payment stablecoin pagar directamente interés o rendimiento al titular solo por mantener el token. El debate no termina ahí —terceros y afiliados pueden complicar la frontera—, pero la arquitectura básica separa deliberadamente dinero para pagar de producto que remunera el ahorro.

¿POR QUÉ COÑO LE INTERESA ESTO A ESTADOS UNIDOS?

Porque la stablecoin dominante no está intentando reemplazar al dólar. Está intentando convertirse en una nueva forma de distribuirlo.

Cuando Estados Unidos aprobó la GENIUS Act en julio de 2025, el secretario del Tesoro Scott Bessent fue extraordinariamente explícito. Presentó las stablecoins como un “payment rail” nativo de internet capaz de ampliar el acceso global a la economía del dólar, reforzar su condición de moneda de reserva y generar más demanda por Treasuries. En agosto de 2026, mientras el Tesoro seguía desarrollando las reglas de implementación de la ley, volvió a describir el objetivo como consolidar el papel internacional del dólar.

No hace falta compartir el entusiasmo político para entender el incentivo. Si una persona en Buenos Aires, Lagos o Estambul quiere mantener ahorros en dólares y el vehículo más fácil resulta ser una stablecoin, la unidad de cuenta que está adoptando sigue siendo el dólar. Si el emisor respalda esa stablecoin comprando letras del Tesoro, además convierte parte de esa demanda monetaria extranjera en demanda por deuda pública estadounidense.

Es una combinación bastante cabrona: software privado distribuye el dólar; activos públicos estadounidenses ayudan a respaldarlo.

DE REPENTE, UN TOKEN EN UNA WALLET TERMINA EN EL MERCADO DE TREASURIES

Este vínculo ya no es teórico. El BIS calculó que las stablecoins denominadas en dólares superaban los 270.000 millones de dólares de activos a finales de 2025 y que durante ese año compraron cerca de 35.000 millones en Treasury bills. Un trabajo actualizado en 2026 encontró que los flujos del sector ya podían mover los rendimientos de las letras de muy corto plazo, especialmente en momentos de tensión.

El Treasury Borrowing Advisory Committee también ha estudiado directamente el asunto. Tras la GENIUS Act señaló que el crecimiento de stablecoins podía convertirse en una nueva fuente de demanda para deuda estadounidense de vencimiento corto, precisamente porque la ley permite como reservas efectivo, depósitos, repos elegibles y Treasuries con vencimiento restante de 93 días o menos, además de determinados fondos monetarios que invierten en esos activos.

Pequeña precisión porque aquí es fácil hacer trampas con las cifras: tener una letra del Tesoro y prestar efectivo en un repo respaldado por una letra no es exactamente lo mismo. Ambos conectan las reservas de stablecoins con el ecosistema Treasury, pero el canal financiero es diferente. Nuestro artículo sobre repo existe precisamente para entender esa fontanería.

ESTO SE PARECE MUCHO AL EURODÓLAR. Y A LA VEZ NO.

Hay una conexión histórica fascinante. Durante décadas, bancos fuera de Estados Unidos han creado depósitos y préstamos denominados en dólares sin necesidad de que cada uno de esos dólares sea una reserva de la Fed. Ese es el corazón del sistema Eurodólar: obligaciones privadas en dólares que viven fuera de la frontera monetaria estadounidense pero siguen utilizando su unidad de cuenta.

Las stablecoins añaden una capa nueva. También son obligaciones privadas denominadas en dólares que pueden circular globalmente, pero lo hacen sobre redes blockchain y, en los modelos plenamente respaldados, se apoyan en reservas mucho más estrechas y líquidas que el balance tradicional de un banco que concede crédito.

Un banco crea depósitos en buena medida cuando presta. Un emisor de payment stablecoins reserva-respaldadas normalmente crea tokens cuando recibe activos equivalentes. Esa diferencia es enorme: uno expande crédito; el otro transforma la forma en la que una cantidad de activos en dólares puede circular.

Por eso llamar a Tether o Circle “bancos” ayuda durante unos treinta segundos y luego empieza a estorbar. Se parecen a un banco porque emiten un pasivo monetario privado. Se parecen a un fondo monetario porque las reservas están muy ligadas a instrumentos cortos. Se parecen a una red de pagos porque mueven valor. Se parecen a una empresa tecnológica porque la distribución ocurre mediante software. Son una criatura institucional nueva hecha con piezas bastante viejas.

ESPERA, ME HE PERDIDO−

Tú quieres un dólar que pueda vivir en internet. Le das $1 a una empresa y recibes 1 stablecoin. La empresa conserva activos por aproximadamente $1 para que puedas confiar en que el token seguirá valiendo un dólar. Mientras tú usas el token, esos activos pueden generar intereses.

Si millones de personas hacen lo mismo, el emisor termina gestionando decenas o cientos de miles de millones. Y si buena parte de ese dinero acaba en Treasuries, una tecnología que parecía “crypto” se convierte en un comprador relevante de deuda estadounidense.

La competición ya no va solo de mover dólares: la disputa por las recompensas, GENIUS y el revés de CLARITY muestra cómo esta infraestructura podría disputar depósitos y servicios bancarios.

¿ESTÁN COMPITIENDO CON LOS BANCOS?

Sí. No. Depende de qué parte mires, que es una respuesta incómoda pero bastante mejor que fingir que el sistema financiero tiene fronteras limpias.

Si mueves 10.000 dólares desde una cuenta bancaria a una stablecoin y el emisor mantiene esos 10.000 como depósito en otro banco, el dinero no ha desaparecido del sistema bancario: cambió de sitio y probablemente pasó de ser un depósito minorista relativamente disperso a un depósito mayorista concentrado. Si el emisor utiliza el dinero para comprar Treasuries, la ruta cambia otra vez. Los dealers que venden esos bonos pueden redepositar el efectivo y parte de los fondos volver al sistema bancario.

La Reserva Federal ha estudiado precisamente esta cuestión y advierte de que el efecto no es simplemente “cada dólar en stablecoins elimina un dólar de préstamos bancarios”. Importan la composición de las reservas, la respuesta de los bancos, la política monetaria y dónde termina el efectivo. Lo que sí puede cambiar incluso cuando los depósitos agregados apenas se mueven es quién controla la relación con el cliente y qué tipo de financiación tienen los bancos.

El debate sobre pagar rendimiento a stablecoins muestra hasta qué punto esta pelea importa. Si una stablecoin pudiera ofrecer algo parecido al rendimiento de las letras del Tesoro con la facilidad de una wallet, competiría de forma mucho más directa con depósitos bancarios que pagan poco. La Casa Blanca publicó en abril de 2026 un análisis específico sobre esa cuestión. Su conclusión fue más matizada que la alarma de “desaparecerán billones de crédito”: bajo sus supuestos centrales, prohibir el yield tendría un impacto pequeño sobre el volumen total de préstamos, aunque el debate sigue abierto y depende muchísimo de la escala futura del mercado.

EL POTENCIAL GRANDE NO ES QUE COMPRES CRYPTO

La idea verdaderamente transformadora de una stablecoin no es que puedas comprar bitcoin más rápido. Es que una reclamación privada denominada en dólares puede moverse globalmente, veinticuatro horas al día, siete días por semana, dentro de software programable.

Eso puede reducir fricción en pagos internacionales, remesas y tesorería corporativa. Puede permitir que un exportador cobre un sábado sin esperar la apertura de una cadena de bancos corresponsales. Puede dar acceso a una forma de dólar a personas que viven en economías con controles de capital, sistemas bancarios débiles o monedas muy inestables. Puede funcionar como efectivo dentro de mercados financieros onchain, servir de colateral y liquidar operaciones que hoy tardan más o necesitan más intermediarios.

La Reserva Federal ha señalado también la posibilidad de beneficios en pagos transfronterizos: disponibilidad continua, mayor velocidad y nuevas vías de acceso. Pero “más rápido” no significa “sin intermediarios”. Siguen existiendo el emisor, custodios, bancos, blockchains, validadores, exchanges, wallets, proveedores de compliance y puertas de entrada y salida al dinero tradicional. La intermediación no desaparece. Cambia de sitio.

Y ESO TAMBIÉN CAMBIA EL PODER

Un billete de veinte dólares funciona sin que una empresa privada pueda modificar su saldo remotamente. Una stablecoin centralizada es distinta. Los emisores pueden tener capacidades para bloquear direcciones o congelar tokens cuando deben cumplir sanciones, órdenes legales o sus propias condiciones operativas. Esa capacidad puede ser necesaria para que el producto encaje dentro de un sistema regulado; también significa que “está en una blockchain” no equivale automáticamente a “nadie puede tocarlo”.

El GENIUS Act y las reglas que están desarrollando Tesoro, FinCEN, OFAC y otros reguladores dejan claro hacia dónde va el modelo estadounidense: permitir el crecimiento de las stablecoins, sí, pero integrarlas dentro de obligaciones de reservas, licencias, anti-lavado y sanciones. Washington no está adoptando un dinero sin Estado. Está intentando construir una capa privada y programable de dólares que siga conectada a las reglas del Estado.

Ahí aparece una paradoja deliciosa. Una tecnología nacida alrededor de la idea de mover valor fuera de la banca tradicional puede terminar haciendo al dólar estadounidense más accesible, más transportable y más presente fuera de Estados Unidos.

EL RIESGO ES QUE LA TUBERÍA SE VUELVA DEMASIADO GRANDE

Si una stablecoin mantiene la paridad, nadie piensa demasiado en las reservas. Igual que nadie estudia la estructura de un puente mientras conduce por encima. La pregunta aparece cuando mucha gente quiere salir al mismo tiempo.

Supón que un emisor tiene 100.000 millones en tokens y recibe 20.000 millones de solicitudes de redención en pocos días. Si las reservas son efectivo y activos extremadamente líquidos, puede vender o utilizar esos activos para pagar. Pero incluso una cartera de instrumentos seguros puede generar problemas si el volumen es enorme y la venta tiene que ocurrir deprisa. El riesgo no es necesariamente que un Treasury sea malo. Es que un pasivo exigible a la vista puede correr más rápido que algunos de los activos que lo respaldan.

El BIS ha modelizado precisamente este riesgo. Los grandes emisores ya mantienen carteras suficientemente grandes de deuda pública corta como para que flujos de entrada puedan presionar los rendimientos hacia abajo y redenciones fuertes puedan obligar a vender activos, transmitiendo tensión hacia los mercados monetarios. Es una versión nueva de una vieja historia financiera: algo puede parecer líquido hasta que demasiada gente intenta convertirlo en efectivo a la vez.

USDC nos dio una pequeña demostración en marzo de 2023. Circle reveló que 3.300 millones de dólares de sus reservas estaban depositados en Silicon Valley Bank cuando el banco entró en resolución. USDC perdió temporalmente la paridad antes de recuperarla cuando se aclaró el acceso a esos fondos. No falló la blockchain. El problema estaba en un banco del mundo tradicional que custodiaba parte de las reservas.

Eso resume bastante bien la ironía del sector: la stablecoin puede moverse por una red nueva y seguir dependiendo de instituciones antiquísimas.

¿PUEDE UNA EMPRESA PRIVADA TERMINAR EMITIENDO UNA PARTE DEL DINERO DEL MUNDO?

Ya ocurre, dependiendo de lo que quieras llamar dinero. Los bancos comerciales llevan siglos emitiendo pasivos que usamos como medios de pago. Las stablecoins no inventaron el dinero privado. Lo que están haciendo es conectar esa vieja idea con redes globales abiertas las veinticuatro horas.

El mercado de stablecoins en dólares rondaba los 308.000 millones de dólares en julio de 2026, según investigadores de la Fed de Nueva York, un crecimiento de unos 71.000 millones desde abril de 2025. Tether y USDC representaban conjuntamente más del 80%. Sigue siendo pequeño frente al sistema bancario global o al mercado total de Treasuries, pero ya no es suficientemente pequeño para tratarlo como un juguete.

Y la escala puede cambiar el objeto. Una stablecoin de 1.000 millones es un producto financiero. Una red de stablecoins de varios billones que sirve para pagos, ahorro en países emergentes, settlement de mercados y demanda estructural de deuda pública empieza a parecer una capa de infraestructura monetaria.

Eso plantea preguntas bastante más interesantes que “¿subirá este token?”. ¿Quién captura el interés de las reservas? ¿Quién decide qué activos son seguros? ¿Qué pasa con los depósitos bancarios? ¿Qué jurisdicción manda cuando un token cruza diez países en diez minutos? ¿Quién puede congelarlo? ¿Qué ocurre con los mercados de Treasury si una stablecoin gigantesca sufre una corrida? ¿Y qué pasa con monedas locales débiles si acceder a dólares privados se vuelve tan fácil como instalar una app?

NO ES DESDOLARIZACIÓN. PODRÍA SER DOLARIZACIÓN CON UNA API.

Durante años, parte del debate monetario digital se ha contado como una guerra entre crypto y el dólar: un sistema nuevo sustituirá al viejo. Las stablecoins dominantes están contando una historia bastante diferente. La tecnología puede cambiar mientras la unidad monetaria gana territorio.

Si una persona que jamás podría abrir una cuenta estadounidense empieza a ahorrar en USDT, no está abandonando el dólar. Está entrando en él por una puerta privada. Si un comercio internacional liquida con USDC, sigue poniendo precios y saldando obligaciones en dólares. Si los emisores mantienen Treasuries para respaldar esos tokens, la red digital termina conectada al balance del gobierno estadounidense.

Eso ayuda a entender por qué la política estadounidense ha pasado de mirar las stablecoins principalmente como un riesgo crypto a intentar construir un marco para que escalen bajo reglas estadounidenses. No es altruismo tecnológico. Hay una apuesta industrial, regulatoria y geopolítica: si el dinero va a circular por nuevas vías, Washington preferiría que la unidad que circule siga siendo el dólar.

LA RESPUESTA

Estados Unidos tiene razones para querer que las stablecoins denominadas en dólares crezcan porque pueden extender el alcance internacional de su moneda sin que el propio gobierno tenga que construir cada wallet, cada blockchain y cada aplicación. Los emisores privados hacen la distribución. Los usuarios globales aportan la demanda. Y una parte relevante de las reservas termina financiando activos estadounidenses de corto plazo.

Pero el acuerdo tiene un precio. A medida que estos emisores crecen, también crecen su importancia sistémica, su influencia sobre mercados monetarios y las consecuencias de una redención masiva. Además, no todas las stablecoins son iguales: Circle, Tether y cualquier futuro emisor pueden compartir el objetivo de un dólar por token y tener estructuras de reservas, jurisdicciones y riesgos diferentes.

La pregunta correcta, por tanto, no es si las stablecoins son “crypto” o “dinero real”. Es mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando empresas privadas convierten deuda pública estadounidense y depósitos bancarios en dólares que pueden circular por internet como software?

Quizá la revolución no sea reemplazar el dólar. Quizá sea darle una nueva red de distribución.

AUDITABLE, SIEMPRE

FUENTES

Marco legal, filings, informes de reservas y trabajos institucionales utilizados para comprobar mecanismos, cifras y riesgos. Datos sensibles fechados explícitamente en el texto.

EXPLICAMOS. NO ASESORAMOS.